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¡Hola a todos!

Hace  un par de días que no escribo y ya me sentía mal. Creo que le voy cogiendo el gustillo a esto de los blogs. Es una tontería pero estos días pensaba “hoy no he escrito y tengo miles de cosas que contar”. Bueno, ante todo, siento no haber escrito, no he parado y dentro de poco sabréis el por qué (os va a encantar, sobre todo a las chicas  ).

Hoy quería hablar de una de mis ciudades favoritas: NY. He tenido la suerte de poder vivir allí un par de veces, y sé que volveré algún día para quedarme. Es una ciudad llena de optimismo, energía, gente especial, siempre hay algo que hacer, que ver…

Sí, soy fan de Broadway, de los flea markets, de andar rápido por la calle para que no te empujen, del frío que hace en invierno, de NY nevado, de los delis, del metro y su línea roja, de los cafés en Williamsburg, de Queens y casa Galicia…

Mucha gente dice que es una ciudad muy dura. Puede ser. Todo esto es muy subjetivo. A mí me recibió con los brazos abiertos. Rápidamente conoces a gente, que se convierten en tus amigos. Pero amigos de verdad, con los que sigues manteniendo el contacto a pesar de la distancia, y no pasa ni un día sin que me acuerde de ellos. (Thank God for Skype  ).

Cuando aterricé por primera vez y me monté en uno de esos taxis que llevas viendo toda tu vida en las películas,  pensé “me siento como en casa”. Sentí como si llevará en la ciudad toda la vida. Me sentí una “New Yorker” .

Es una ciudad que te hace sentir libre, puedes ir como te dé la real gana, que nadie te va a juzgar por cómo vas, o eres, o dejas de ser.

Es un sitio para perderse, y gracias a que Hugo y yo nos perdíamos todo el rato, Hugo encontró uno de nuestros rincones favoritos: Moto, un restaurante en Brooklyn que cuando llegamos, casi lo mato. Nos pasa cualquier cosa y no se entera ni perri…

Eso sí, quién nos iba a decir que en un sitio alejado de todo, debajo de una estación de metro exterior, que pasaba el tren cada dos minutos estaba un rinconcito que te llevaba a otro lugar, parecía que retrocedías a los años 50. Era una esquinita en Broadway (no Broadway-Manhattan, más lejos: en Brooklyn), en la que entrabas y te encontrabas a grupos maravillosos de música que  tocan en directo (our favourite Baby soda), con una comida riquísima y un ambiente mágico. Lo recomiendo a todo el mundo. La gente que va, los camareros, la decoración, el sitio… todo es una maravilla.

Os dejo la web, para que podáis verlo y si alguien tiene la oportunidad, que vaya.

http://www.cafe-moto.com/

Un kiss y hasta la próxima…

Ichi

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